miércoles, 24 de agosto de 2011

Repercusión del Gnosticismo


(para una investigación en curso)

El gnosticismo puso en aprietos los intentos de unidad de la jerarquía eclesiástica, que comenzaba a perfilarse. Podía hacer que el movimiento se dividiera en múltiples sectas fuera del control sacerdotal. No obstante, la influyeron. En esos momentos la teología cristiana estaba en mantillas, y los gnósticos aportaron una cosmogonía y una filosofía. Asímismo fijaron las relaciones entre paganismo y judaísmo.
La Iglesia defendió que la revelación no podía ser sustituída por ninguna filosofía, y que no era sino un intento del neopaganismo por vivir al amparo del cristianismo. En un principio, los gnósticos vivían dentro de la iglesia oficial; sólo hablaban de aquellas doctrinas que no les hacían chocar con las autoridades establecidas y ocultaban su gnosis salvo a los iniciados. Decía TERTULIANO que "no confían sus misterios ni siquiera a sus discípulos antes de haberles ganado por completo; tienen el secreto de persuadir antes de instruir".
Su error táctico fue cuestionar la autoridad eclesiástica, por otro lado inevitable: el gnóstico es libre, y piensa libremente. En ello se parece al místico, también situado en los límites de la ortodoxia. Cuando la Iglesia fue oficializada, la gnosis, con sus diversas escuelas, fue condenada en bloque (Concilio de Nicea, 325 d.C., especialmente adverso contra Basílides). De la batalla con los gnósticos, paradójicamente, la Iglesia aprendió una lección: si quería conquistar las mentes del Imperio debía dotarse de la aportación de la filosofía pagana. Y actitudes claramente gnósticas, pero ortodoxas, se vieron a partir de entonces.
De todas formas, las doctrinas gnósticas no desaparecieron, sólo se eclipsaron algunas de sus tendencias. Otras volvieron a aflorar en otros movimientos posteriores: los mandeos han sobrevivido hasta el día de hoy, los sethitas siguieron propagando sus doctrinas hasta bien entrada la Edad Media, época en que aparecieron grupos gnósticos de enorme pujanza, como los bogomiles y los cátaros.
Y es más, aflora en diversos momentos como una actitud contestataria hacia la jerarquía católica. Los románticos retomaron temas gnósticos para defender la libertad, el derecho a rebelarse de un Dios autoritario como el Yahvé bíblico. Los luciferinos actuales también: he aquí dos caras de una misma moneda.
Lo cierto es que difícilmente puede conjugarse el Dios celoso, vengativo y cruel, caprichoso y exigente, que se muestra en el Antiguo Testamento y el Dios paternal y bondadoso puesto en boca de Jesús, un rabino judío. Si ponemos en dos columnas las palabras de uno y otro son a veces, sencillamente, opuestas. Así lo muestra, por ejemplo, el "Libro de los dos Principios" de los Cátaros. ¿Hemos de concluir que se trata de dos dioses diferentes? ¿Lucifer no fue sino el paradigma de un luchador romántico que se opuso a la tiranía y quiso que los hombres CONOCIERAN lo que se les prohibía?
Los gnósticos iban en ese sentido. Yo no. En las religiones hay una evolución, y así como cambian los creyentes, así van moldeando y cambiando a su Dios o Dioses. En todas las religiones hay procesos paralelos de sublimación. Se empieza por sacrificios sangrientos y se llega a los sacrificios "simbólicos" personales. Así, los Vedas insisten en el sacrificio sangriento, las Upanishads lo rechazan. El judaísmo también tuvo su evolución. El Dios del Génesis no es el mismo que el Dios de los judíos actuales. Salvo algunos extremistas, los judíos de hoy no consideran lógico restablecer los sacrificios de animales que prescribe el Levítico. Cuando Jesús habla (y no todo lo que se pone en su boca es auténticamente dicho por él) hablan siglos de evolución religiosa. No obstante, defiendo la libertad de la que los gnósticos hacían gala. Todo aquel que pone imaginación y librepensamiento en materia religiosa acaba siendo santo o hereje quemado en la hoguera. El matiz es la obediencia que profesen hacia el estatus establecido. 

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