lunes, 4 de marzo de 2019

El hallazgo de Kanoth Ark, en torno al misterio de las ruinas de Keneto

Por Hyranio Garbho



Hacia el interior del valle del río Virú, cerca de la hacienda Tomabal, se halla el complejo arqueológico de Keneto. Se trata, al parecer, de un antiguo santuario formado por dos plazoletas de piedras, en cuyos centros se erigen magnificentes dos menhires. El complejo fue descubierto por Rafael Larco Hoyle (según otras versiones, por Marcel Homet) en 1935. Y desde entonces ha maravillado y sorprendido a numerosos investigadores, muchos de los cuales coinciden en que se trata del sitio arqueológico más antiguo de Perú. Más allá de las plazoletas con sus Menhires, y de los caminos de piedra, coronan este magno espectáculo una serie de petroglifos del más variado espectro. Por todas estas razones, y otras muchas, relacionadas con la innegable energía que se percibe en el lugar, fui invitado por mi camarada Eduardo Arancibia, a conocer la región de Keneto. 

El lugar era todo cuanto me habían prometido; y mucho más. En efecto, pese al cansancio que llevábamos, por las dificultades que tuvimos que sortear para llegar al lugar, las intensísimas energías que se concentran allí, podían percibirse ya desde las cercanías. Una vez en Keneto, me llamó poderosísimamente la atención la geometría de las plazoletas y la ubicación, en ella, de los Menhires. Por intuición, sospeché que podía tratarse de las ruinas de un santuario ceremonial, pero no adelanté nada. Ya había estado en Tiahuanaco y Pumapunku y en el cromlechs de Nabta, en Egipto. Y aunque en los dos primeros pueden hallarse algunas “medidas” (como la raíz de dos que resulta de la diagonal del Templo de Kalasassaya), no tenía otras referencias para aventurarme en los cálculos. Temí que en Keneto fuera lo mismo, sobre todo por la desalineación (¿intencionada?) de uno de sus Menhires. Pero felizmente no era así. Luego descubriría la función ceremonial que desempeñaban los Menhires y esto solo ya me ponía en la pista sobre la envergadura del lugar.


Vista de las plazoletas, con sus Menhires, desde altura


Pero esto se hizo todavía más interesante cuando mi amigo y camarada Eduardo Arancibia me sugirió que el nombre Keneto podía corresponder a una palabra en rúnico (en kalataal). Al principio rechacé tal posibilidad. Pero luego advertí la correspondencia con las formas rúnicas “Ke-Ka” y “Neth-Neto-Noth”. Así, Keneto podía ser Kanoth, un enclave que aparece en la Tradición arkhanen como una de las ciudades de la Tercera Edad (o Edad de la Tercera Luna). Fue entonces que tomamos el camino de Piedra y nos dirigimos a la zona de los petroglifos, donde mis camaradas me adelantaron que podían hallarse mayores evidencias de esta correlación. Particularmente, algunos petroglifos rúnicos, donde puede distinguirse con nitidez una runa “Man”; pero más especialmente el petroglifo de una esvástica. 




Entonces vino lo mayor. Mientras analizábamos los pictogramas grabados en las rocas pude notar que no eran éstas, las rocas, formaciones rocosas habituales. En su mayoría parecían ser rocas trabajadas con formaciones cuadrangulares específicas, del mismo tipo que había visto ya en pumapunku y Tiahuanaco. La casi totalidad de las mismas se hallaban derribadas sobre el cerro, como si caídas desde lo alto. Pero bajo ellas todavía persistía un muro rocoso donde las rocas, cuadrangulares todas, en formaciones de bloque, hallábanse como ensambladas, al estilo de las Pirámides mayores del complejo de Gizeh. Fue allí que advertí que no podía ser esto fruto de una natural agrupación rocosa, sino que las mismas se disponían en bloques porque tuvieron que haber parte de una ciudad. Ello explicaba que el camino de Piedras que pasaba por el Santuario de Menhires se extendiera justo hasta la explanada de rocas con los petroglifos. Así, en el sitio preciso donde los muchos arqueólogos sólo habían visto los “petroglifos”, nosotros habíamos descubierto una antigua ciudad. La corroboración de estas verdades vendría después, cuando nos aplicamos al análisis de todos los materiales recopilados en nuestra expedición. 


Imagen satelital de la Región de Keneto

Antes de continuar quisiera mencionar a todos los camaradas que hicimos el viaje a la región de Keneto, en el valle del Virú. El primero entre ellos Eduardo Arancibia, profesor de física, y camarada amigo de la Sociedad Arkhanen. Junto a él, el arqueólogo Jorge Novoa, experto culturas precolombinas del Perú. También nos acompañó el camarada Luis Valencia y Junto a él, el filólogo Alejandro Bengoa, experto en lenguas germánicas. Con todos ellos me adentré en la región de Keneto y descubrimos la que podría ser Kanoth Ark, el mítico enclave ario-arkhanen de la tercera luna. 

Entre los materiales recopilados en nuestra expedición  yo quisiera mencionar que los hay de cuatro tipos: los que constituyen una evidencia de carácter físico, filológico, arqueológico y arqueométrico. En el primer tipo resalta el análisis preliminar de las piedras y las rocas del lugar, incluyendo los Menhires. Desde el ingreso al valle del Keneto, presidido por dos Menhires que están en el suelo, puede observarse una explanada de pequeñas piedras, del tipo laja, de color rojizo, resquebradizas, como si hubiesen sido expuestas a un calor extremo. Los bloques de rocas que forman lo que hemos identificado como las ruinas de Kanoth ark exhiben el mismo color rojizo, por lo que parecen haber estado expuestas al mismo fenómeno. De otro talante son los Menhires y las rocas que cuadran las plazoletas ceremoniales de Kanoth. Ellas no muestran la misma calcinación de las rocas de Keneto, ni de las infinidad de piedras que tapizan la región. Otro hecho notable es la erosión de las rocas en Kanoth (Keneto), los que sugieren la hipótesis de una erosión por efecto del agua lluvia.  Los bloques de rocas ensamblados, por su parte, parecen exhibir, en algunos de sus extremos, una suerte de derretimiento de las rocas, como si hubieran estado expuestas a un calor extremo. 





En segundo lugar tenemos el análisis filológico de la palabra Keneto. El lugar debe su nombre al cerro Queneto, que preside majestuoso la quebrada hacia el valle, desde el occidente. Ignoramos absolutamente el origen de este nombre, pero sabemos que su data es antigua. Ahora bien, a diferencia de los otros complejos arqueológicos hallados en la región, los que en su mayoría vienen nominados con palabras de indudable origen indígena, Keneto representa una sonoridad distinta y misteriosa. No se trata de un nombre indígena (a lo mucho podría tratarse de una voz indigenizada), sino de una voz muy anterior al poblamiento americano, la que resalta por su asombroso parecido fonético con la palabra “Kanoth”, que describe la ciudad de Kanoth ark en los mitos ario-arkhanen. Volveré sobre esto en la parte final de mi escrito.


Ensamble de los bloques rocosos -
muestra indudable que no se trata de una formación rocosa natural


En tercer lugar, tenemos la impronta arqueológica, según la cual el sitio de Keneto tendría una antigüedad, por lo bajo, entre los 5000 y 8000 años antes de nuestra Era Común. Por lo que sería muy anterior a todas las culturas indígenas conocidas y estudiadas del lugar. No hay, además, evidencia arqueológica de la presencia indígena, como en las huacas de Trujillo, o en Chan Chan; o incluso en los mega asentamientos de Marca Huamachuco o Ouiracocha pampa. El lugar de Keneto parece ser vírgen e incontaminado, respecto de los pueblos y culturas que luego habitaron la región (tal incontaminación no parece apreciarse en Tiahuanaco, Bolivia, desafortunadamente) -incluso, en lo que dice relación con sus pictogramas y petroglifos. Lo que vendría a apoyar nuestra hipótesis todavía más fuertemente.



Junto con las formaciones rocosas naturales
persisten los Bloques rocosos de las ruinas de Kanoth


Por último, presento la que es, a mi juicio, por ahora, la evidencia más patente e incontrarrestable de nuestro hallazgo en Keneto. Trátase de la impronta “arqueométrica” o las “medidas” del lugar, particularmente la de las plazoletas sagradas que cuadran los menhires. Estas se hallan ubicadas mirando respectivamente hacia el este y occidente de la zona. En una inclinación de 20 grados considerando el eje Norte-Sur. La plazoleta Este representa un rectángulo de 43,30 metros de largo por 32,80 metros de ancho. El menhir de esta plazoleta se halla centricamente alineado respecto de los lados ubicados al norte y al sur, a unos 15,90 metros; y separado de la pared occidental a unos 10,40 metros. Desde esa línea hasta la pared oriental hay exactos 32,80 metros. La plazoleta Oeste representa un cuadrado de 26,70 metros en cada una de sus paredes, aunque el lado occidental tiende a deformarse en 20 centímetros formando un ancho de 26,90 metros. El Menhir está ubicado a unos 13,45 metros respecto de sus paredes norte y sur; y a unos 8,15 metros de su pared occidental, lo que le aleja de la pared oriental en unos 18,55 metros. En ambos casos, esto es, en las dos plazoletas, si se traza una diagonal desde el lugar de posicionamiento del Menhir, hasta ambos extremos de las paredes orientales, obtendremos como resultados las raíces de 3 y de 5. Y esto no es todo, pues si se traza la diagonal del cuadrado que forma la plazoleta occidental, obtendremos la raíz de 2; e igual resultado nos dará el cálculo de la diagonal del cuadrado y los cuadrados que se forman, en el espacio interior entre el Menhir y la pared oriental de la Plazoleta Este. Y como si esto no bastara, desde la posición del Menhir es posible formar el famoso triángulo de Pitágoras y la proporción aurea, entre el costado occidental de la plazoleta Este y la diagonal de la misma plazoleta ( en sus dos direcciones) –la proporción Áurea también aparece en los triángulos rectángulos que se forman en la ladera occidental de la plazoleta Oeste. Dicho todo esto, cabe aclarar la importancia de la impronta arqueométrica para comprender a cabalidad la envergadura del descubrimiento. 

Medidas de la Plazoleta Oriental

Hasta el presente la casi totalidad de los investigadores y exploradores –arqueólogos o no– siempre parten, en su análisis de los vestigios de enclaves antediluvianos –y post diluvianos también– del prejuicio funcionalista (el que también podría llamarse, por extensión analógica, “marxista-evolucionista”). Todos parten del hecho que la humanidad anterior fue infinitamente menos desarrollada tecnológicamente que la nuestra; y por lo tanto, que sus edificaciones tenían como función la astronomía, para calcular las épocas de siembra y de cosecha, etc. Cada vez que llegaban a un enclave cualquiera sucedía que tenía que tratarse de un centro astronómico. Así se dijo del Templo de Kalasassaya en Bolivia, de las pirámides en México y Guatemala; e incluso, en Egipto. Pero todo el mundo ignoró la arqueometría, probablemente por desconocimiento y falta de formación iniciática. Estas verdades, guardadas como joyas por la Tradición, hicieron por vez primera su aparición en la Arqueología con ocasión de las “medidas” de la Gran Pirámide, en Gizeh. Entonces se comprobó que su diseño arquitectónico no había sido aleatorio y que todos los números sagrados se hallaban en ella. El primero de ellos en ser descubierto fue el número de oro, PHI, en la relación que une la base del triángulo equilatero del interior de la Pirámide con su apotema. Luego, en función de lo mismo, vendrían a aparecer los otros números. 

Medidas de la Plazoleta Occidental


En la Tradición se enseña a reconocer una obra como anterior a la última luna, por su arqueometría. Cualquiera sea la naturaleza de esta obra (no sólo arqueológica) si están presentes los patrones arqueométricos, se trata de una obra de los dioses. En la Tradición se dice que el cosmos fue creado por Mundelfori con estricto apego a estos patrones; y que, por lo tanto, cuando se trata de producir una obra sagrada, el artista debe reproducir, en su creación, los patrones con los que Mundelfori hizo el mundo. Esos patrones son los números, que en su etimos más antiguo, están relacionados con “medidas” y “proporción” (o lo que en griego antiguo llamaríamos “logos” y “analogos”). La Tradición enseña que fue el sabio Armín (llamado Hermes entre los griegos y Djuty -o Thoth- entre los egipcios) quien reveló estos números a los hombres. Se dice que inició enseñándoles los irracionales de las raíces de 2, 3 y 5… y luego todo el edificio de los números, entre los que se cuentan el número de oro (llamado la media y extrema razón por el griego Euclides) y los números sagrados de Pitágoras, la mónada, la diada, la triada, la tetrada, la tetratkys, etc. Para un iniciado de la Tradición ése es el factor determinante, la Arqueometría. No la cerámica, ni los garabatos dibujados en artefactos de esta naturaleza (todos los cuales, con seguridad, son posteriores y típicos de los pobladores postreros de esta región del mundo). Con esa convicción arremetimos en un análisis arqueométrico del complejo arqueológico de Keneto, particularmente de las plazoletas antes mencionadas. Y para nuestro asombro, como ya fue adelantado más arriba, todas las medidas del origen (significado de la palabra “arqueometría”) estaban presentes en el sagrado Santuario. Si a ello unimos el nombre del lugar, más el análisis físico geológico de las piedras y de las rocas y los petroglifos de runas y esvásticas, queda establecido para nosotros que se halla de un enclave antediluviano, construido y recreado por una raza de hombres que no fueron parte de los pueblos indígenas que poblaron la américa inmediatamente pre-colombina. Quienes fueron los hombres de esta Raza? Con esta pregunta dejo planteada la inquietud sobre la Kanoth Ark, que es a nuestro juicio Keneto, e les introduzco en el tema que desarrollaré en mi próximo artículo.

jueves, 17 de marzo de 2016

El Misterio de Enoch

Por Hyranio Garbho

Otro misterio insondable del Oera Linda nos invita a reparar en un hecho aparentemente menor de la primera edición alemana que circuló de este libro. Trátase de una omisión deliberada del nombre de Enoch.   El texto respectivo en el manuscrito original se halla en la hoja 5.  Allí se puede leer, en frisio, lo que sigue:

"Abêlo, Jaltjas man, grêvetman ovir tha Sûdar Flylânda. Fjvwers is er hyrman wêsen. Tha burga Aken, Ljvdburch and Kâtsburch send vnder sin hod.  Enoch Dywek his man, grêvetman ovir West-flylând and Texland. Njvgun mel is er to sêkening kêren. Thiu Wâraburch, Mêdêasblik, Forâna aend ald Fryasburch send vnder sin hod".

La página respectiva del texto lo muestra sin ambages.



La traducción más adecuada de estas líneas es:

"Abêlo, esposo de Jaltjas; Grêvetman de los Sûdar de Flylânda. Fue tres veces Comandante.  Los burgos Aken, Ljvdburch y Kâtsburch están bajo su cuidado. Enoch, esposo de Dywek; Grêvetman de West-flylând y Texland.  Fue escogido nueve veces rey de los mares.  Wâraburch, Mêdêasblick, Forâna y Fryasburch están bajo su protección".


En el inglés y el holandés respectivo se puede leer:

"Abelo, Jaltia's husband; Grevetman over the Zuiderfly-landen. He was three times heerman. The towns Aken, Liudburg, and Katsburg are under his care. Enoch, Dywcke's husband; Grevetman over Westflyland and Texel. He was chosen nine times for sea-king. Waraburg, Medeasblik, Forana, and Fryasburg are under his care" .

"Abelo, Jaltias man, grevetman over de Zuiderflylanden. Viermaal is hij heerman geweest, de burgten Aken, Liudburg en Katsburg zijn onder zijne hoede. Enoch, Dywckes man, grevetman over Westflyland en Texland. Negenmaal is hij tot zeekoning gekozen, Waraburg, Medeasblik, Forana en Fryasburg zijn onder zijne hoede" .

En todos estos casos se puede apreciar en forma nítida la introducción adecuada del nombre de Enoch tal y como aparece legítimamente en el manuscrito original.  Pero la versión alemana del Oera Linda, quizá la mejor de todas, omite deliberadamente la inclusión de este nombre.  ¿Por qué?  El texto alemán dice:

"Abelo, Jaltjas Mann, Grevetmann über die Süder-Flylande und Texland.  Neunmal ist er zum Seekönig gekoren.  Die Waraburg, Medeasblik, Forana und Alt-Fryasburg sind unter seiner Hut" .

La traducción adecuada de éste es:

"Abelo, esposo de Jaltjas, Grevetmann del lado sur de Flyland y Texland.  Nueve veces elegido rey de los mares.  Waraburg, Medeasblik, Forana y la antigua Fryasburch están bajo su cuidado".

No fue ésta la única anomalía que Hermann Wirth introdujo en su traducción del Oera Linda.  La estructura final de la obra también se ve afectada en su versión final.  El Oera Linda de Wirth comienza con la descripción del origen del Mundo, mientras que el manuscrito original se inicia con el consejo de Adela.  Esta decisión, no obstante, puede entenderse.  Pues tras leer el texto completo de Wirth es evidente que su estructura la inspiran motivaciones estilísticas.  Pero no parece ser éste el caso de la omisión del nombre de Enoch.

Poco importaría quizá si el nombre omitido hubiese sido cualquier otro.  Pero se trata del nombre de Enoch.  Y esto ya, de por sí, no puede pasarse por alto. ¿Quién fue Enoch?  En la biblia judeo-cristiana el nombre de Enoch aparece mencionado en dos genealogías distintas.  Enoch es tanto un hijo de Caín como un descendiente de Set, hijo de Jared.  También aparece mencionado como un nieto de Abraham.  Existe igualmente un cuarto Enoch, el que la tradición le atribuye el famoso Libro de Enoc.  Ninguno de éstos parece ser el mismo.  Aunque es plausible pensar que el cuarto Enoch, el del famoso manuscrito, es el primer Enoch de la Biblia, el que el Génesis dice que es un hijo de Caín.   Y es éste, precisamente, el Enoc que nos interesa discernir aquí.

El Enoch del Génesis, primogénito de Caín, en rigor, no es un Enoc bíblico.  Esto, porque el Génesis no es un relato de la Biblia, sino un texto intercalado allí.  Tampoco Caín es un personaje bíblico, propiamente hablando. La enseñanza hermética considera tanto a Enoc, como Caín, hijos de una raza y de un pueblo distinto al pueblo que protagoniza las historias de la Biblia.  Pero no sólo distinto, sino también, contrapuesto. Sobre esta raza hermética he escrito en profundidad en mi libro Los Pergaminos del Bosque de Neegal. En Las Bodas Arkhanen narró las sagas de esta raza del origen.

¿Quien es el Enoch de la enseñanza hermética?  El Enoch de la enseñanza hermética, también llamado Enoc, Henoc o Henok es un héroe y sabio antediluviano, hijo de Akni–Kain, sintetizador de todos los conocimientos de la antigüedad.  Según la tradición esotérica Enoch es un privilegiado de los dioses, a quien estos revelaron todos los secretos del cielo y de la tierra.  Novecientos años duró su aprendizaje, tras lo cual Enoch se aplicó otros novecientos años es escriturarlo –sistematizarlo, ordenarlo. Al final de su vida se casó con Thyuuk y tuvo una gran descendencia.

Aun cuando el Oera Linda comenzó a redactarse unos cinco siglos antes del advenimiento de la era común, lo que nos obliga a situar al Enoch de su relato unos quinientos años antes de Cristo, existen dos paralelismos poderosos con el Enoch de la tradición hermética que nos autorizan a pensar en un vínculo secreto entre ambos.  El primero de ellos tiene que ver con el nombre de la esposa de Enoch; el segundo con el simbolismo del número nueve. La esposa del Enoch hermético se llama Thyuuk, la del Enoch frisón Dywek.  En kalataal, la lengua de la tradición hermética, Thyuuk es Dywek.  Ambos nombres son equivalentes, iguales, pues se escriben del mismo modo.  De allí que el Enoch frisón es el mismo que el Enoch hermético.  Pero más relevante que esto es la sincronía del simbolismo del nueve.  El "nueve" es un número alegórico, metafísico.  Es el tres veces tres; y su doble es ISIS, el número perfecto de las kalas sacras.  En la tradición hermética Enoch permaneció novecientos años estudiando los secretos del cielo y de la tierra junto a los dioses del origen.  Y otros novecientos años le tomó sintetizar estos conocimientos.  El número novecientos, allí, hace referencia hermética al número 9.  Esto es, encripta el 9 en la forma del novecientos.  Pero su simbolismo es explícito y concreto, pues hay dos ciclos de novecientos años, esto es, hay dos "nueves", por lo que la referencia al número sagrado de la tradición, ISIS, se manifiesta abierta.  En el Oera Linda Enoch, esposo de Dywek, es un sabio, un Grevetman, elegido nueve veces rey de los mares.  Las nueve veces son también aquí una referencia al 9.  Todo ello nos lleva a concluir que el Enoch frisón es una reminiscencia arquetípica de un Enoch todavía más antiguo, del primer Enoch del Génesis no falsificado; del mismo Enoch de la tradición y el hermetismo arcano.

Pero ¿Por qué Wirth omitió su nombre en la versión alemana del Oera Linda? ¿Por qué atribuyó sus méritos a un oscuro comandante frisón llamado Abelo? Ambas cuestiones comienzan abrirse a nuestra inteligencia a partir del discernimiento de otro misterio, el que cabe imputarle a los últimos cronistas del manuscrito.  Konerêd y Bedên son dos de los más enigmáticos narradores del Oera Linda.  Sus libros, dentro de la tradición, son calificados de apócrifos.  Konerêd redactó sus sagas alrededor del siglo I antes de Cristo.  Y en ellas hace incluir una carta de Ljvdgêrth, el Germano.  Esta carta es relevante porque forma parte de la tercera y última omisión de Wirth.  Según el antropólogo alemán la carta original se halla perdida y su inclusión en el manuscrito revela una intervención posterior.  Algo semejante sucede con el Libro atribuido a Bêden, cuyo cuerpo se halla extraviado casi en su totalidad.  Wirth se negó a incluir éstos en su versión final del Ura Linda; y nosotros pensamos que una motivación similar le empujó a excluir el nombre de Enoch del texto frisón.

Esta es la verdad del asunto.  Según la tradición hermética el manuscrito frisón que hoy conocemos bajo el nombre de Oera Linda fue copiado alrededor de 1815.  Sus últimos copistas, los discípulos de Andries Over de Linden, manipularon partes del texto original, omitiendo deliberadamente otras, con el objeto de resguardar poderosos secretos de carácter hermético.  Otro tanto hizo su custodia siguiente, la maga Aafje Meylhoff, bajo cuya dirección se arrancaron páginas de la copia de Andries Over de Linden y se mutilaron capítulos enteros.  De esto era consciente Hermann Wirth y lo eran también quienes trabajaban paralelamente en el estudio secreto de esta obra.  Wirth omitió deliberadamente lo que juzgó una manipulación o intercalación posterior del texto, entre las que se contaría el aludido pasaje que nombra a Enoch.

En la copia del Oera Linda de Andries Over de Linden Enoch es un simple Grevetman bajo cuya dirección se redactaron algunas de las crónicas del libro de los descendientes de Adela . Su secreto se halla guardado bajo dos claves de encriptación: el nombre de su mujer y el simbolismo del número nueve –la alusión a haber sido nueve veces elegido "rey del mar".  El Enoch del manuscrito original tiene que haber sido el Henok de la tradición hermética, el mismo que narró la caída de los ángeles por concupiscencia con las hijas de la tierra.  En los anales de la Tradición Hermética éste es un hecho acaecido en las postrimerías de la Primera Luna.  Henok, el sabio que permaneció nueve siglos con los dioses aprendiendo los secretos del cielo y de la tierra, vivió en los albores o inicios de la Segunda Luna.  Es hijo de Akni–Kain, el héroe que conquistó el fuego de la transmutación y encendió la llama del fragmento de Uril en el bosque de Neegal.  Nueve siglos le tomó sintetizar todos los conocimientos que le fueron revelados. Y con ellos inició la tradición que luego materializaría Yrmión.   Esa tradición es la que posteriormente cultivarán los armanen; y de ella brotará, finalmente, la primera Vehme de Nothureim.

jueves, 30 de octubre de 2014

La evolución y transformación de los alfabetos rúnicos


Por Hyranio Garbho

Cuando los pueblos germánicos comenzaron a trabar relaciones con las etnias del mediterráneo, en una época muy anterior a la establecida oficialmente (1), legaron a éstos gran parte de su cultura y sus símbolos.  Entre los símbolos que fueron transmitidos se hallaban las runas.  Éstas degeneraron entre los nativos mediterráneos, dando lugar con ello al surgimiento de las runas-letras (buchstabenrunen). Estas runas-letras devinieron con el tiempo un sistema alfabético y ése fue el origen del Elder Futhark.   Inscripciones de este tipo se hallaron luego muchas, pero todas ellas entre los siglos II y V de la era cristiana. Eso hizo pensar legítimamente a los investigadores que ésta era la auténtica antigüedad de todos los sistema rúnicos.  Lo que éstos ignoraban -y lo hacían porque confiaban únicamente en el enfoque de su modelo científico- es que las runas eran más antiguas que las inscripciones que se habían encontrado.  Y que el que la arqueología no pudiera probarlo no significaba que no se pudiera probar en absoluto. De hecho, las evidencias de lo planteado vendrían de muchas otras ciencias como la lingüística o el estudio comparado de la evolución de los sistemas alfabéticos.  Estas son las pruebas que buscamos enseñar acá. Algunas de ellas se hallan desplegadas en el texto de von List, otras las encontramos en los otros libros del Büchrerei.  La mayoría, sin embargo, responde a un auténtico aporte nuestro.  En su conjunto todas apuntan demostrar lo que desde List debió haberse venido haciendo evidente: que las auténtica runas del origen no podían ser las runas del Futhark Antiguo, y que frente a éste las runas armanen ostentaban ascendencia y superioridad. 

Vayamos pues a las evidencias de las que hemos escrito. Todas éstas se despliegan en el análisis comparativo de los diversos sistemas rúnicos. Este análisis consulta tres puntos esenciales en los que es posible establecer un paralelo.  Esos puntos son: 1) El contraste entre el aumento progresivo de runas en los dos conjuntos rúnicos históricos (Futhark Antiguo y Futhark Anglosajón) y la disminución de las mismas en el Futhark Joven o Escandinavo, 2) La naturaleza monosilábica del nombre de la runa respectiva en el Futhark Escandinavo y los nombres bisilábicos o polisilábicos de las mismas en los otros muchos diversos sistemas rúnicos; y 3) la forma o trazo particular de las runas que se comparan en uno u otro futhark.

A) El factor del aumento y disminución de runas en uno y otro sistema rúnico

Si atendemos a la información oficial sobre las runas tenemos que éstas fueron, en su origen, alfabetos derivados de la escritura mediterránea, que aumentaron su cantidad de símbolos en la medida que las transformaciones de la lengua germánica (el paso del proto-nórdico al nórdico antiguo) incorporaba nuevos sonidos y fonemas.   Así, del Futhark Antiguo o Elder Futhark de veinticuatro runas, en el siglo segundo, nos pasamos al Futhark Frisio o Anglosajón de treinta y tres runas en el siglo quinto de la era cristiana.  Este último futhark -o más propiamente hablando futhorc- dominó casi sin contrapesos la forma de la escritura rúnica hasta bastante avanzado el siglo once.  Pero en el siglo octavo, en Escandinavia, surgió un conjunto de runas que, contrariando lo que había sido hasta ese momento la evolución natural de los alfabetos rúnicos, en lugar de aumentar el número de símbolos, los disminuyó ostensiblemente casi a la mitad.  ¿Qué había sucedido realmente allí?

Los runólogos e investigadores oficiales no tienen respuesta para tal desconcertante evento.  Habituados como están a explicar el aumento de símbolos rúnicos en la perspectiva de la evolución de la lengua de los pueblos germánicos ignoran cómo articularse frente a estos hechos que parecen discutir -cuando no echar completamente por tierra- todas sus teorías.   Y es que no hay forma de explicarlo en la lógica de la evolución natural de los sistemas de alfabeto rúnicos.  Pues lo que allí ha sucedido no tiene nada que ver con su evolución.  Otros son los factores que van a explicar estos desconcertantes hechos acaecidos en Escandinavia.

Según la teoría oficial el aumento de símbolos rúnicos que se produce entre el Elder Futhark y el Futhark Anglosajón se explica por la evolución de la lengua germánica.  Ésta hallábase entonces en un proceso de cambios y transformaciones definitivas. El efecto más visible de todos esos cambios va a ser la incorporación de nuevos símbolos rúnicos, a medida que surgían nuevos sonidos y aumentaban los fonemas de esta lengua en proceso de transformación.  Esta evolución va a seguir su curso natural en todas aquellas partes donde predominaba uno u otro sistema rúnico (Futhark Antiguo y Anglosajón) -e incluso entre los sistemas rúnicos menores que van a caracterizar el medievo (2).  Y en todos los casos es posible mostrar, con relativa facilidad, cómo unos sistemas se derivaban de otros o se lograban explicar por otros. 

Por ejemplo, si hacemos un análisis comparativo sencillo entre los dos futhark en cuestión, el antiguo y el anglosajón, nos resultará fácil mostrar que el segundo se deriva del primero, y que la explicación, según la cual, el aumento de los caracteres rúnicos en el segundo se justificaba en las trasformaciones de la lengua germánica era bastante plausible.  Por eso no hallamos ninguna explicación racional al hecho que cuando los alfabetos rúnicos comenzaron a aumentar su número de runas, el Futhark Escandinavo no sólo no las haya aumentado, sino que, además, las haya disminuido. 

List explica que la disminución de las runas en el Futhark Joven no se explica por la evolución natural de los alfabetos rúnicos.  Pues se trata de un conjunto de runas que lejos de derivarse de estos sistemas alfabéticos tiene su origen y procedencia en sistemas de escritura infinitamente más antiguos y anteriores a los sistemas de escritura rúnica históricos. 

En la opinión de List, desplegada en las primeras páginas de este escrito, el primer conjunto de runas, esto es, el auténtico Futhark original, contaba apenas con dieciséis símbolos rúnicos.  De estos emanaron luego una serie de runas que con el tiempo culminaron constituyéndose en un sistema autónomo, cuya función principal fue la de servir como sistema de escritura, empobreciendo notablemente su sentido mágico original.  Es éste el origen del Futhark Antiguo.  Pero paralelamente al desarrollo de este futhark las runas sagradas del origen siguieron existiendo, y consecuentemente con su naturaleza sagrada y no secular jamás aumentaron ni disminuyeron su número de runas.  Así, las encontramos siendo igualmente dieciséis en el siglo octavo, sin advertir entre éstas y los otros sistemas rúnicos aludidos aquí nada que explica o justifique el prejuicio de la derivación.

Comparación entre el Elder Futhark
y el Futhorc Anglosajón

Elder Futhark



Futhorc Anglosajón



En esta comparación los óvalos marcan las runas que son diferentes en el trazo en un futhark y otro.  El doble óvalo denota a un trazo rúnico que corresponde a una runa distinta en ambos futhark en comparación.  El recuadro marca las runas agregadas a un futhark que no están en el otro.



Comparación entre el Elder Futhark
y el Futhark Joven

Elder Futhark


Futhark Joven


Estos paralelos grafican con una claridad insobornable las diferencias abisales que hay entre unos y otros sistemas rúnicos.  Pero no sólo eso -y esto es infinitamente más importante.  Estos contrasten señalan de un modo irrefutable la imposibilidad que el Joven Futhark haya podido derivarse del Futhark Antiguo.  Ergo, si no derivo de éste, y no obstante, apareció siete siglos más tarde ¿de cuál sistema rúnico se derivo entonces?  Cabe señalar, como último asunto relativo a esta comparación, que las diferencias planteadas entre el Elder Futhark y el Futhark Anglosajón no son insalvables y pueden fácilmente explicarse por la evolución del proto-nórdico al nórdico antiguo.  No así si se comparan estos sistemas rúnicos con el Joven Futhark, donde las diferencias no sólo no disminuyen, sino que aumentan.  Por el contrario, si se compara el Futhark Joven con las runas armanen, los parecidos saltarán a la vista -tanto en el nombre, la cantidad y los trazos rúnicos en uno y otro futhark.

Comparación entre el Futhark Joven
y las Runas Armanen

Futhark Joven


Runas Armanen





B) La naturaleza silábica o monosilábica del nombre de la runas en los diversos futhark en contraste



Si atendemos a la comparación planteada por el segundo punto aquí desplegado tenemos un aserto particular, hasta ahora casi inadvertido, de una importancia mayúscula.  Éste está relacionado con el nombre de la runa.  A simple vista no tiene mucha importancia.  Pero mirado de cerca es realmente decisivo.  Según List, mientras más primitivo es un lenguaje, más monosilábico es.  De hecho, este sólo dato debiera bastar ya para probar la antigüedad de las runas escandinavas (armanen) por sobre las mal llamadas runas antiguas y runas anglosajonas.  Si se observa detenidamente el nombre de todas las runas antiguas se podrá apreciar cómo, en todos los casos, éstos constituyen palabras bisilábicas o polisilábicas.   Distinto es el caso de las runas escandinavas que en la mayoría de los casos sus nombres constituyen palabras monosilábicas.  El siguiente cuadro ejemplifica esta cuestión.






C) La forma o trazado particular de las runas en contraste en uno u otro futhark

Si se observa los trazos rúnicos desde el Futhark Antiguo al Futhark Escandinavo, pasando por el Futhark Anglosajón, se notará un fenómeno similar al expuesto en relación con la naturaleza silábica o monosilábica de las runas.  A medida que avanzamos en el tiempo desde el Futhark Antiguo al Anglosajón los trazos rúnicos parecen complejizarse; pero no sucede así con los trazos del joven Futhark.  Éste, a diferencia de los que "supuestamente" le preceden, simplifica sus trazos, mostrando en cada línea rúnica un diseño que evoca una época infinitamente anterior. Pero no sólo esto.  Si se analizan de cerca uno y otro trazado se podrá advertir también otro hecho asombroso.  Los trazos del Futhark Anglosajón parecen basarse en los trazos del Futhark Antiguo, y los de este último, en el joven Futhark.  Ello demuestra que la base de todos los futhark históricos (antiguo, anglosajón y runas medievales) tuvo que haber sido este futhark primordial, pre-histórico o a-histórico (o incluso mejor trans-histórico), que List llamó armanen. 

Por último -y esto es muy importante-  hay una serie de trazos en el Futhark Antiguo y en el Anglosajón (pero no en el Futhark Joven) cuyo origen no es germánico, sino mediterráneo.  Ello revela hasta qué punto los futhark histórico pudieron haber estado contaminados por estas culturas ulteriores.  Pero, además, indica la medida y el grado en que el joven futhark es anterior a todos éstos, pues sus trazos no guardan, ni con los primeros ni con los últimos, ni el menor parecido.  Así, vemos que la mayoría de runas del Futhark Antiguo que no están en el Futhark Escandinavo, parecen derivarse de los símbolos mediterráneos, que hacia el comienzo de la era cristiana contaminaron las runas antiguas.  Ello enfatiza la pérdida del carácter sagrado de estos símbolos y redunda en una mayor diferenciación entre un conjunto rúnico y otro.

 

Runas Compuestas
y Derivadas del Futhark Antiguo


En este ejemplo los óvalos indican las runas compuestas del Futhark Antiguo; los recuadros señalan las runas derivadas de otros sistemas alfabéticos.  Como podrá comprobarse enseguida, la mayoría de las runas del Futhark Antiguo -y por añadidura las del Futhorc Anglosajón- corresponden a runas compuestas formadas a partir de runas derivadas, por lo que su carácter auténticamente germano y sagrado, tuvo que haberse necesariamente perdido en alguno de los tramos de los cambios sufridos por la lengua teutónica.

Las siguientes imágenes ilustran esto que hemos estado refiriendo aquí.

Trazos Rúnicos del Futhark Antiguo
derivados de los alfabetos mediterráneos



La Gamma es la letra del alfabeto griego que derivó en la letra "C" del alfabeto latino. Esta letra suena, en algunos casos, como una "K", lo que es muy significativo, porque la "K" es valor fonético de la runa "Kenaz".  Es altamente probable que la runa "Kenaz" haya sido, en su origen, una letra griega, particularmente la letra "gamma", la que en su evolución del griego arcaico al griego clásico, se transformó a tal punto que culminó fundamentando la letra "C" del alfabeto romano.

Los siguientes ejemplos lo muestran de manera gráfica (3):









*Esto es parte del Estudio Preliminar al Libro "El Secreto de Las Runas"
**Esta temática aparece ampliamente desarrollada en el Libro "Las Runas Armanen y el Misterio del Fyrfos"

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(1) Esta es parte de la historia que no se ha querido contar, pero de la que muchos investigadores han ya escrito.  De acuerdo con el Oera Linda, los germánicos frisones habrían trabado relaciones con los pueblos del mediterráneo desde mucho antes del hundimiento de Âldland, acaecido cerca de 4000 años a.C.

(2) Contamos entre estos tipos de runas a las Runas de Helsingia, las Runas Islandesas, las Runas Marcománas, las Runas Medievales y las Runas Dalecarlianas

(3) El conjunto de ejemplos que presentamos aquí es limitado.  Está restringido exclusivamente a mostrar la eventual derivación de la runa Kenaz de los alfabetos mediterráneos, y a enseñar un conjunto también limitado de runas que presumiblemente se construyen a base de esta runa.  El estudio detallado de todas las runas derivadas y compuestas presentes en los Futhark Antiguo, Anglosajón y los sistemas rúnicos menores del medievo lo he presentado en mi libro Las Runas Armanen y El Misterio del Fyrfos.  Hállase allí también el análisis pormenorizado que contraste estos sistemas rúnicos con el Joven Futhark y las runas armanen.